Anacleto Ferrer ha publicado recientemente la traducción de los ‘Cien poemas de amor’ del poeta vienés Erich Fried en la editorial Hiperión. Según Ferrer, “uno de los grandes temas de su lírica es la constante meditación acerca del lenguaje en tanto que forma de procesamiento intelectual del mundo necesariamente revisable”.

Recogemos aquí la reseña de Alfredo Asensi publicada en El Día de Córdoba, en su edición impresa y en línea.

Erich Fried, el poeta moralista que siempre fue extranjero

Hiperión recupera la voz del vienés en ‘Cien poemas de amor’, con traducción de Anacleto Ferrer

 Erich Fried.

Erich Fried. / el día

Anacleto Ferrer, profesor de Estética y Teoría de las Artes en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Valencia, conoció a Erich Fried en el verano de 1983: “Yo estaba becado en Bremen y él vino a leer sus poemas al centro en que yo estudiaba. Quedé fascinado por él, y desde entonces me convertí en lector suyo”. Al poeta, que había nacido en Viena en 1921, le quedaban cinco años de vida. Quedaban ya lejos los tiempos de su huida a Londres, a finales de los años 30, y la publicación de sus primeros poemas, en los 40. Ya era considerado “uno de los grandes poetas en lengua alemana del siglo XX”, si bien no le faltaban detractores. La proyección de su voz no ha tenido en España un gran desarrollo, carencia que intenta paliar la editorial Hiperión con Cien poemas de amor, edición bilingüe con introducción, selección y traducción de Ferrer.

¿Qué tipo de poeta es Fried? El profesor explica que “es heredero del tono coloquial de Brecht, pero también del pesimismo satírico de Tucholsky y de la mordacidad de Kraus”, y que “combina la actitud de protesta ante los tabús de su tiempo (siendo judío es defensor de la causa palestina, contrario a la Guerra de Vietnam, militante antinuclear y crítico feroz de la política antiterrorista alemana) con una poética cotidiana en la que nos habla de sus dudas y temores. La manera específica en que Fried afronta el reto epocal (postnazi) de provocar una purificación del lenguaje consiste en hermanar la retórica con la poesía. Uno de los grandes temas de su lírica es la constante meditación acerca del lenguaje en tanto que forma de procesamiento intelectual del mundo necesariamente revisable”.

Fried es autor de 26 poemarios, “algunos extraordinariamente exitosos”, y una “variada” obra en prosa, “además de ser uno de los más reputados traductores de literatura anglófona al alemán”. Por la calidad de su obra, apunta el experto, obtuvo premios tan prestigiosos como el Prix International des Éditeurs (1977), el Bremer Literaturpreis (1983), el Große Österreichische Staatspreis (1985) o el Georg-Büchner-Preis (1987). “Con todo y con eso”, anota Ferrer, “entre nosotros no es tan conocido ni ha sido tan traducida su obra como la de otros coetáneos suyos como Paul Celan, Hans Magnus Enzensberger o Ingeborg Bachmann”.

Fried no es menos poeta político que satírico, y en todo lo que escribe es moralista. Por ello no se da en su poesía la dicotomía política y vida.

En la selección de este centenar de poemas el responsable de la antología no ha seguido otro criterio que el del gusto personal, “espigando poemas de casi toda su obra”. “Ha sido un regalo que me he dado a mí mismo como traductor, después de muchos años dedicado a Hölderlin”, indica Ferrer, que agradece la confianza de Jesús Munárriz, responsable de Hiperión.

Fried “no es menos poeta político que satírico, y en todo lo que escribe es moralista. Por ello no se da en su poesía la dicotomía política y vida, para él siempre depende de contextos políticos que influyen en la vida, y en los que ésta influye. Por supuesto, también, en lo que al amor concierne. No esconderse / de las cosas / del tiempo / en el amor // Pero tampoco / ante el amor / en las cosas / del tiempo, escribe en uno de sus poemas”.

La mayor dificultad que plantea la traducción de Fried tiene que ver con “el uso distanciado y reflexivo que hace de tropos argumentativos como el silogismo y el entimema, o de figuras morfológicas como la paranomasia, la aliteración o la asonancia. Es un maestro de los juegos de lenguaje”.

Fried, concluye Ferrer, “mantiene siempre una mirada distanciada de su hábitat lingüístico y en gran medida cultural, desde Gran Bretaña, donde se exilió a los 17 años tras la anexión de Austria por los nazis. Nunca quiso dejar de ser un extranjero, un emigrante, un refugiado”.

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